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EEUU recurre al pragmatismo para intentar comprometer a los talibán.

Una delegación de Washington fue hoy a Qatar a intentar sacar petróleo. Pero los talibán, incluso antes de sentarse en la mesa de negociación, dieron muestras explícitas de no estar dispuestos a plegarse a las exigencias de unos EEUU con cada vez menos poder de influencia en Afganistán, para beneficio de sus rivales geopolíticos. Con el Estado Islámico golpeando con cada vez más virulencia, el movimiento fundamentalista advirtió a la Casa Blanca de que no está abierto a la cooperación contra esta amenaza.

Era la primera reunión entre representantes de la Administración Biden y del recién proclamado Emirato Islámico. Doha, el lugar elegido, fue escenario antaño del diálogo y la conclusiva firma de un pacto EEUU-Talibán, en febrero de 2020 y bajo mandato de Donald Trump, que sentó las bases para el repliegue de las tropas internacionales y, de forma indirecta, para el ascenso al poder de los islamistas. Llamó la atención que Zalmay Khalilzad, el negociador estadounidense, estuvo ausente.

«Este encuentro es la continuación de los contactos pragmáticos con los talibán en cuestiones de vital interés nacional», explicó a la cadena CNN un alto funcionario del Gobierno de EEUU, como justificación de una cita controvertida, por ocurrir mientras los talibán siguen imponiendo cada día nuevas prohibiciones a las mujeres y cometiendo violaciones de derechos humanos, según denuncias de activistas dentro y fuera del país.

Las conversaciones proseguirán mañana con un amplio abanico de cuestiones sobre la mesa. Una de ellas es la lucha contra el también llamado Daesh, uno de cuyos miembros, un combatiente de la minoría étnica china uigur fue, según aseguró la misma organización, el responsable de la matanza de 46 fieles chiíes en una mezquita el viernes pasado. Antes de que los occidentales pudiesen solicitar a los talibán el perseguir sin cuartel a los atacantes en su país, estos se negaron en redondo.

«Podemos lidiar con el Daesh de forma independiente», aseguró a la agencia Associated Press Suhail Shaheen, el portavoz que los talibán tienen en su oficina qatarí, desde donde, desde hace meses, se reúnen con numerosos diplomáticos de todo el globo. Otros temas a abordar durante estos días, según aseguraron fuentes estadounidenses a la misma agencia, son la posibilidad de prolongar las evacuaciones de ciudadanos afganos en peligro y la distribución de ayuda humanitaria al diezmado Afganistán.

«Dado que Afganistán se enfrenta a perspectivas de una contracción económica severa y una posible crisis humanitaria, vamos a presionar a los talibán para que permitan a las organizaciones humanitarias acceso libre a las áreas en necesidad», dijo un funcionario a CNN. En cuanto a las evacuaciones, los aviones han salido en cuentagotas del país desde el fin de las evacuaciones. Todavía quedan «docenas» de estadounidenses en Afganistán «que desean irse», según EEUU.

Estas negociaciones están marcadas por el delicado equilibrio de Kabul. Los talibán necesitan ayuda internacional para paliar la acuciante pobreza y así estabilizar su Gobierno, pero hasta ahora no se han mostrado dispuestos a renunciar a sus draconianas políticas que causan rechazo en Occidente. Al mismo tiempo, China y Rusia también se acercan a ellos para lograr un equilibrio favorable. Moscú ha invitado a los talibán el próximo 20 de octubre para mantener conversaciones de alto nivel.

Entretanto, Pakistán, un apoyo decisivo de los fundamentalistas, sigue pidiendo a sus aliados soporte y reconocimiento para el Emirato Islámico afgano. EEUU, uno de ellos, no parece hacerle ascos a tener relaciones con los nuevos gobernantes afganos. Pero una fuente estadounidense aclaró a CNN que la cita de Doha «no es sobre garantizar un reconocimiento o conferir legitimidad». «Tenemos claro que cualquier legitimidad debe ganarse a través de las propias acciones de los talibán», sentenció.

Al respecto, pese a todo, un representante del Movimiento subrayó a los medios que su formación «ofreció» ayer en Qatar «a los EEUU la apertura de una nueva página [de las relaciones] entre Kabul y Washington», aunque insistiendo al Gobierno de Joe Biden en «respetar la soberanía de Afganistán y no interferir en sus asuntos internos». El pragmatismo, pues, gobierna un terreno difícil y, sobre todo, letal para miles de afganos. Quienes todavía sueñan con dejar atrás la pobreza y el miedo a la represión extremista o quienes temen morir en esta nueva era de guerra entre facciones violentas.

Fuente: El Mundo.

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