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Moscú respalda la demanda talibán de que EE.UU. pague la reconstrucción.

El principal resultado de la cumbre celebrada en Moscú el miércoles con representantes talibanes ha sido el compromiso de diez países para impulsar una conferencia de donantes en el seno de la Naciones Unidas que ayude a Afganistán a superar el actual colapso económico que padece y pueda acometer su reconstrucción. La idea es que los fondos necesarios para abordar tal tarea los aporten Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, a quienes se les considera los «responsables» de la actual situación en el país centroasiático por haberlo ocupado militarmente durante dos décadas y abandonado después a su suerte.

Los diez países que han prometido a las nuevas autoridades afganas colaborar con el objetivo de movilizar recursos son Rusia, el país anfitrión de la cumbre, China, Pakistán, Irán, India y las cinco ex repúblicas soviéticas de Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Casi todos estos países comparten frontera con Afganistán o, como en el caso de Rusia y Kazajstán, se encuentran muy cerca. Tratarán de que se convoque lo antes posible una conferencia de donantes que evite una catástrofe económica y humanitaria en Afganistán.

Citados por distintos medios de comunicación rusos, los representantes de estos diez estados subrayaron que la carga principal de las ayudas deberá recaer sobre los países cuyas tropas estuvieron presentes en Afganistán en los últimos 20 años, en evidente alusión a EEUU y a su aliados de la OTAN. La retirada de estas fuerzas en agosto posibilitó la llegada al poder por la fuerza de los talibanes.

Se da la circunstancia de que los norteamericanos no estuvieron presentes en la reunión de Moscú el miércoles, pese a que fueron convocados. El lunes, el portavoz del Departamento de Estado de EEUU, Ned Price, anunció que no acudirían al encuentro en la capital rusa. «Esperamos participar en ese foro en el futuro, pero no estamos en condiciones de participar esta semana», puntualizó.

Pero a Rusia le preocupa mucho que Afganistán sufra una situación de aislamiento internacional que conduzca a su quiebra total. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró esta semana que «nadie está interesado en la parálisis de un estado vecino» cuya desestabilización pueda terminar afectando a toda la zona. A Moscú, según la portavoz de Exteriores, María Zajárova, le preocupa en especial que algo así pueda dar alas a grupos terroristas como el Daesh.

En agosto los talibanes derrocaron al gobierno afgano e instauraron un emirato islámico. Desde entonces, el país afronta escasez aguda de efectivo. Los talibanes, sujetos a sanciones internacionales, no disponen de los fondos necesarios para administrar los bancos y pagar salarios, ya que Washington congeló las reservas del banco central afgano. En definitiva, la economía afgana se encuentra en una situación extremadamente precaria, los precios de los alimentos suben sin cesar y el desempleo se está disparando. Según Naciones Unidas, el 97% de los afganos se encuentra en riesgo de pobreza extrema.

Sin embargo, Rusia no se apresura a reconocer el régimen talibán. Evitando referirse a las atrocidades que siguen cometiendo los talibanes, a la conculcación de los derechos de las mujeres y a lo poco inclusivo que es su gobierno, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, advirtió que las autoridades de Kabul «deberán esforzarse más» para crear las condiciones que favorezcan su integración en la comunidad internacional.

Fuente: ABC.

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