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Otra jaqueca rojiblanca más en casa del Levante: «Si el árbitro cobró penal, seguramente lo fue».

Desde una de las bocanas del estadio Ciutat de Valencia, Diego Pablo Simeone observaba semicamuflado el agitado desenlace. El final de otro duelo ante el Levante que concluía con jaqueca. Uno más. Hacía ya casi 10 minutos que González Fuertes le había enseñado la segunda amarilla por protestar (la primera la vio por reclamar el VAR). Y desde la grada asistió a ese insospechado zarpazo final del VAR, instantes después de que algunos jugadores del Atlético pidieran penalti en el área contraria. Una mano invisible de Lodi, intrascendente para el desenlace de la jugada, acabó convirtiéndose en una condena. Si el domingo la tecnología sonrió a los rojiblancos ante la Real Sociedad, con aquel plantillazo de Mikel Merino a Suárez, cuatro días después la moneda salió cruz. Y Bardhi, igual que hizo en el primer penalti, burló a Oblak, bajando el telón de otro tenebroso largometraje atlético en el estadio granota. El asunto empieza a dar para toda una saga.

Esta vez no hubo fenómenos paranormales, pero casi. Es verdad que no ocurrió como en febrero, cuando Correa mandó a la grada un balón que sólo podía acabar dentro. La cosa no llegó a tal extremo. Pero sí se sucedieron varios sucesos de difícil explicación. Sobre todo para el Atlético. El primero, que Luis Suárez, acostumbrado a rematar balones en área contraria, acabara atropellando a un rival en su intento por despejar el peligro de su propia área. De no ser por esa acción fatal, el ariete charrúa habría pasado desapercibido durante el partido. Se mantuvo una hora sobre el césped y, sorprendido por el cambio, acabó dejando su lugar a Correa, que no tuvo ocasión de descifrar aquel poltergeist de la temporada pasada.

Sucedió que Antoine Griezmann volvió a marcar en Liga con el Atlético. Llevaba tres tantos en la Champions, pero la competición local se le resistía. Y el francés, que no celebraba un tanto liguero como rojiblanco desde el 24 de abril de 2019 (frente al Valencia), anotó de cabeza un tanto que pareció cambiar la dinámica de un equipo acostumbrado a tener que remontar marcadores adversos. No fue así. «Me estoy sintiendo bien dentro del campo, con chispa, aunque estamos un poco enfadados porque queremos sumar de tres en tres», sostenía ante el micrófono de ‘Movistar’ el delantero galo, que sería sustituido por Matheus Cunha, con el marcador aún en el aire.

Se dio la circunstancia de que el punta brasileño, fichado este verano por casi 30 millones, procedente del Hertha Berlín, acabó marcando su primer gol con el conjunto madrileño. Hasta ahora había jugado un papel como talismán. Su entrada en el campo había coincidido con las remontadas del Atlético. «Lo más importante es levantar la cabeza y seguir arriba. Un partido muy difícil. Cuando entré busqué los espacios desde atrás como me pidió Simeone. No salimos contentos porque empatamos», explicaba el delantero, que ha progresado adecuadamente también con el español.

SÉPTIMA EXPULSIÓN DEL CHOLO
Y aún aconteció algo más sobre el Ciutat de Valencia, ese estadio donde el Atlético vio peligrar la Liga 13/14. Ese rincón donde se despidió del título en la 15/16. Ese áspero recinto donde empezó a enredarse unos pocos meses atrás, en febrero, camino de un campeonato que acabaría conquistando. El mismo día en el que un duende debió asustar a Correa en mitad del silencio. Anoche se dio la circunstancia de que el VAR divisó una mano de Lodi que pasó inadvertida para todos. Incluidos los jugadores del Levante. Fue una grata sorpresa para la hinchada local ver a González Fuertes extender el brazo para señalar el penalti.

«Si el árbitro cobró penal, seguramente fue penal. No nos podemos excusar por los penales, por las 200 faltas sobre Joao o por las numerosas amarillas que recibimos», simplificaba el asunto Simeone, que sufrió su séptima expulsión como técnico rojiblanco y el domingo que viene, frente al Betis, será Nelson Vivas quien esté dando la cara en el banquillo. «El árbitro creyó que hice algo que no estaba bien en consecuencia del juego», quiso zanjar el técnico argentino, deseoso de abandonar un estadio que, una vez más, volvió a torcerle el gesto.

Fuente: El Mundo.

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