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Batacazo para Biden y los demócratas: Virginia elige gobernador republicano.

El republicano Glenn Youngkin, un ejecutivo del sector de las finanzas metido a político, ha asestado un golpe demoledor contra Joe Biden y el partido demócrata en el estado de Virginia: se ha impuesto al candidato demócrata, Terry McAuliffe, por el puesto de gobernador.

La elección en el estado sureño se tomaba como un forma de medir la temperatura política de EE.UU., en medio de una presidencia de Biden que lleva el rumbo perdido y a un año exacto de las legislativas que determinarán qué partido controla las cámaras del Congreso en sus dos siguientes años en la Casa Blanca.

El termómetro de las urnas de Virginia solo trae malas noticias para los demócratas. Es un estado donde los demócratas han ganado con suficiencia desde la llegada de Barack Obama al poder. Biden se impuso aquí a Donald Trump por diez puntos hace exactamente un año. Desde 2009, los demócratas no habían perdido ninguna elección de carácter estatal. Ayer, además de perder el premio gordo, el de gobernador, también se quedaron sin el de vicegobernador -lo consiguió la republicana Winsome Sears, la primer mujer negra que gana una carrera estatal- y sin el de fiscal general, para el también republicano Jason Miyares.

Youngkin ejecutó una campaña excelente, en la que logró el equilibrio imposible de no alinearse de forma clara con Trump pero sin enfadar a su fabulosa base electoral. En lugar de enredarse con el expresidente -de lejos el republicano más popular e influyente de EE.UU., pero no tanto en estados más moderados como Virginia- Youngkin se centró en asuntos que afectan de forma directa a los votantes. En especial, a la educación, donde se subió a la ola de las revueltas de padres -en especial en regiones suburbanas que apoyaron a Biden el año pasado- frente a las exigencias de mascarillas y vacunas en los colegios y contra la introducción de la llamada Teoría Racial Crítica en el curriculum escolar.

McAuliffe, que ya fue gobernador de Virginia y es un peso pesado del ‘establishment’ demócrata, hizo todo lo contrario: buscó asociar a Youngkin con Trump, hasta el punto de llamarle ‘Trumpkin’ en la víspera de las elecciones.

Los resultados, sin embargo, son imposibles de disociar de la situación política de los demócratas a nivel nacional. Biden se ha desplomado en las encuestas, con el país todavía sacudido por la crisis sanitaria y económica de la pandemia, tras el fiasco de la salida de Afganistán y el bloqueo en el Congreso de su agenda legislativa, a pesar de que su partido controla sus dos cámaras. Sus índices de aprobación -42%- en las encuestas de Gallup son los peores para un presidente de EE.UU., con la excepción de Trump, para este mes de la presidencia desde que se empezaron a hacer mediciones a mediados del siglo XX.

Buena parte de su crisis política tiene que ver con las peleas internas de las facciones izquierdista y moderada en el Congreso. Estos últimos han aguado los planes de gasto socioeconómico y climático de Biden -han pasado de 3,5 a 1,75 billones de dólares, y eso todavía no tiene el visto bueno de los senadores díscolos- y los primeros han boicoteado el plan de infraestructuras como represalia.

La noche aciaga de los demócratas se extendía también a New Jersey, un estado que también se jugaba el puesto de gobernador y donde nadie ponía al candidato republicano, Jack Ciattarelli, en las quinielas. Biden ganó aquí el año pasado con 16 puntos de ventaja sobre Trump, pero el candidato demócrata y actual gobernador, Phil Murphy, tiene posibilidades de estrellarse, en lo que sería una sorpresa mayor que la de Virginia. En la madrugada del miércoles, el recuento estaba muy ajustado y no había un ganador claro, en lo que ya es, de por sí, una derrota para los demócratas.

El descalabro demócrata abre un camino incierto hacia delante: frente a su división, los republicanos aparecen como un frente unido, tolerando la figura de Trump para no perder su electorado, y embalado hacia las elecciones legislativas del año que viene. Las derrotas de esta noche pueden ser el anticipo a la pérdida de las mayorías en el Congreso.

Fuente: ABC.

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