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Muere Frederik de Klerk, el presidente blanco de Sudáfrica que liberó a Mandela.

Nada hacía pensar que Frederik Willem de Klerk fuera a convertirse en la persona que acabara con el apartheid en Sudáfrica. Nacido en Johannesburgo en 1936 en el seno de una destacada familia afrikáner, hasta su llegada a la presidencia de Sudáfrica había sido un ferviente defensor de la segregación racial impuesta en el país por la minoría blanca. Su linaje, que se remonta a los holandeses llegados al sur de África en siglo XVII, parecía haberle marcado el camino: el abuelo paterno, Willem, se había enfrentado a los británicos en la segunda guerra bóer y fue miembro fundador del Partido Nacional -la formación nacionalista que implantó el apartheid-, mientras que su padre, Jan, fue presidente del Senado y ministro con varios gobiernos.

Un tío suyo, Hans Strijdom, llegó a primer ministro hacia mitad de siglo. El propio De Klerk confesaría en su autobiografía que llevaba la política «en la sangre».

Tras estudiar derecho en la conservadora Universidad Potchefstroom de Educación Superior Cristiana y ejercer como abogado, siguió la tradición familiar y obtuvo un escaño en la Cámara Baja del Parlamento sudafricano.

De la línea dura
Escaló posiciones en el aparato político, tanto en el partido como en los gobiernos de B. J. Vorster y Pieter Willem Botha, siendo ministro en diferentes carteras. En sus cargos se alineó con las posturas más radicales, como cuando en 1986 exigió que el entonces ministro de Exteriores, Roelof F. Botha, se retractara tras augurar que algún día Sudáfrica tendría un presidente de raza negra.

En 1989 alcanzó la cúspide del poder. En febrero se convirtió en el jefe del Partido Nacional y poco después, en presidente del país. Para sorpresa de muchos, a partir de entonces empezó a abogar por una Sudáfrica que no fuera racista y por integrar en el sistema político al Congreso Nacional Africano, la fuerza liderada por Nelson Mandela. Para entonces, Madiba llevaba unos 27 años encarcelado.

De Klerk acabó con el apartheid y liberó a Mandela, que se convertiría precisamente en su sucesor y de esta manera, contra lo que él mismo había rechazado antes, en el primer presidente negro de Sudáfrica. Desde entonces ha habido otros cuatro.

De hecho Frederik de Klerk, que obtuvo junto a Mandela el Premio Nobel de la Paz de 1993, es hasta ahora el último jefe del Estado de raza blanca. Este jueves murió de un cáncer que afectaba los tejidos en torno a los pulmones que le había sido detectado el pasado marzo, justo cuando cumplía los 85 años de edad. Le sobreviven su esposa Elita, sus hijos Jan y Susan, y sus nietos.

El propio De Klerk explica la transformación que experimentó en un vídeo póstumo que dio a conocer ayer la fundación que lleva su nombre: «Permitidme, en ese último mensaje, compartir con vosotros el hecho de que desde los primeros años 80, mi opinión cambió completamente», señala con voz temblorosa. «Fue como si hubiera tenido una conversación -continúa- y en el fondo de mi corazón me diera cuenta de que el apartheid era un error». «Presento mis excusas, sin ninguna reserva, por el dolor, el sufrimiento, la indignidad y daños que el apartheid infligió a los negros, mulatos e indios en Sudáfrica», reconoce.

Fuente: ABC.

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