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Cuba, sitiada para impedir la marcha cívica por el cambio: «Estamos volviendo a los peores tiempos».

«Listo, como ven, vestido de blanco con una rosa blanca. Cuando sea el momento saldré de la casa». Un despliegue enorme de efectivos policiales y agentes de civil rodeó ayer la vivienda de Yunior García Aguilera, director de Trébol Teatro y líder del grupo de acción ciudadana Archipiélago, al frente del 15-N. Su pretensión era marchar por una céntrica avenida habanera hasta el emblemático Malecón, con la rosa blanca en la mano, como preámbulo a la Marcha Cívica por el Cambio convocada para este 15-E en Cuba y en 100 ciudades del planeta.

La revolución lo impidió durante horas, bloqueando la salida del dramaturgo. Y a la vez, impuso un mitin del presidente Miguel Díaz-Canel, mientras que policías, militares y las brigadas de choque se desplegaban por las ciudades.

La plataforma Archipiélago informó que el dramaturgo no pudo ni salir por la puerta de su casa ante el «bloqueo cruel, ilegal e inhumano», que se valió de un «repugnante acto de repudio y de un cerco con policías vestidos de civil», con el añadido de tapiar su ventana «usando la sagrada insignia nacional como un bochornoso telón de represión».

El pulso de Yunior García, que rememora a los grandes líderes pacifistas, fue traducida por el Gobierno cubano come en una acción terrorista contra la revolución. «Una operación de desestabilización organizada desde Washington», repitió el canciller Bruno Rodríguez.

«Mi casa amaneció sitiada, agentes vestidos de civil haciéndose pasar por pueblo. Han expulsado a gritos y golpes a periodistas, les hicieron una acto de repudio, empujaron el carro (vehículo). Estamos viviendo días muy feos en Cuba, estamos volviendo a los peores tiempos. Pero los cambios son indetenibles», advirtió el dramaturgo a través de un mensaje en directo que se distribuyó en las redes sociales.

La ceremonia totalitaria del castrismo convirtió a este hombre vestido de blanco, otrora uno de los favoritos del gobierno por la calidad e innovación de su obra teatral, en algo parecido a un mártir por la libertad. Incluso los agentes desplegaron banderas cubanas enormes por las paredes exteriores del edificio, en un intento de ocultar el trapito blanco que asomaba por una ventana enrejada. Como si fuera una metáfora de lo que ocurre en Cuba desde hace años. Hasta una orquestilla haciendo ruido con sonatas revolucionarias trasladaron los oficialistas a pie de la vivienda.

Desde que se convirtiera en el más visible de los cabecillas de Archipiélago, Yunior García no ha cedido un solo centímetro, pese a las amenazas y los libelos multiplicados por los medios revolucionarios. «Es mi derecho humano y constitucional, caminar libre por las calles. Pero ni siquiera eso están dispuestos a consentir», remachó. Pese a la contundencia revolucionaria, García Aguilera solicitó un aplauso a las tres de la tarde: «Es tiempo que empecemos a aplaudir al pueblo cubano». Demasiado tiempo aplaudiendo a grandes líderes.

El sitio contra Yunior no fue el único. Otro de los miembros de Archipiélago, Víctor Ruiz, sufrió en su hogar un acto de repudio de un grupo de castristas, que acudieron a retirar una bandera de Patria y Libertad. El joven respondió a los gritos de los enviados del gobierno con una clase de libertad: «Cuba necesita cambio, están matando a la juventud».

«Somos un pueblo cansado de migajas, un pueblo que este 15-N saldrá a la calle para exigir libertad, respeto y justicia», comunicó el Movimiento San Isidro, cuyo líder, el artista Luis Manuel Otero Alcántara permanece encarcelado desde que el 11 de julio intentara unirse a la multitudinaria marcha en las cercanías del Malecón. Corre la misma suerte que el rapero Maykel Osorbo, uno de los creadores de Patria y Vida, y de José Daniel Ferrer, el líder de la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu).

Precisamente fue una entrevista de la Agencia Efe al líder de Archipiélago la que provocó un rifirrafe diplomático entre los gobiernos de La Habana y de Madrid. El equipo en Cuba de la agencia de noticias sufrió la retirada extemporánea de sus acreditaciones, con la intención de que no pudieran cubrir los históricos acontecimientos en la isla, uno de los mayores desafíos contra la revolución en más de 60 años de control autoritario.

El Ministerio de Exteriores convocó de urgencia al encargado de negocios de la embajada cubana en Madrid, ante la ausencia del embajador, para pedir explicaciones sobre la medida. La Unión Europea, cuyos diplomáticos arroparán la marcha ciudadana, definió la medida como una «grave vulneración para la libertad de expresión».

La presión diplomática provocó cierta marcha atrás del Gobierno de Miguel Díaz-Canel, que devolvió dos de las acreditaciones, pertenecientes a una periodista y a un fotógrafo.

Diluvia sobre un terreno muy mojado. El coordinador de Efe ya fue castigado tras la cobertura de la rebelión popular del 11-J. No se trata, ni mucho menos, de una acción aislada: con sus tiras y aflojas, la revolución cubana persigue que los periodistas extranjeros acreditados en la isla se adapten, en mayor o menor medida, a la propaganda que pretenden vender al mundo, con el embargo económico de EEUU como excusa para casi todo lo que sucede en el interior del país.

Por el contrario, la concentración organizada por el Gobierno contó con todas las ayudas posibles. Y con la participación del propio Díaz-Canel, quien acudió presto con un pañuelo rojo y una mascarilla blanca. «En primera fila canta y sonríe, porque Cuba vive y abraza», publicó la propia Presidencia de Cuba en sus redes sociales.

A esa misma hora, el hostigamiento contra los coordinadores de Archipiélago, contra periodistas independientes y contra las cabezas más visibles de la disidencia. Los que no estaban detenidos y desaparecidos, como Daniela Rojo, sufrían el encierro en sus propias viviendas. Arrestos domiciliarios que no comunican oficialmente pero que se imponen por la fuerza bruta.

Fuente: El Mundo.

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