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Irán y Occidente vuelven a la mesa de negociación nuclear con desconfianza y recelo.

Caras nuevas y recelo en la primera reunión entre los negociadores del pacto atómico después de cinco meses de pausa. El parón se había debido al cambio de Gobierno en Teherán por la victoria del presidente de línea dura Ibrahim Raisi. Pero también sirvió para reconfigurar posturas, de forma que la cita de este lunes pudo ser poco más que una primera toma de contacto. Después de tres años marcados por las sanciones, la escalada nuclear y la tensión regional, la distancia entre las partes es infinita.

La séptima ronda de conversaciones para revivir el acuerdo nuclear comenzó en un palacete de Viena con una sesión exploratoria. En ella participaron los delegados de los países que mantienen su firma en el documento de 2015. No estaban los de EEUU, cuya retirada del pacto en 2018 originó la presente crisis, y con quienes los iraníes rechazan sentarse cara a cara. Son los delegados de Bruselas, con el español Enrique Mora a la cabeza, quienes mediarán entre dos rivales cerrados en banda.

Después de años de desencuentros y de ausencia de gestos de buena voluntad, la presión hace mella sobre las respectivas administraciones en Teherán y Washington. En la capital norteamericana saben que regresar al también llamado PIAC, que concedía a Irán el derecho a enriquecer uranio a niveles mínimos a cambio del levantamiento de todas las sanciones, no es un acicate para la popularidad de Joe Biden, sino más bien lo contrario. Esto obliga a los demócratas a actuar en Viena con guantes de seda.

El nuevo Gobierno iraní, que martilleó durante meses la proclividad del Ejecutivo anterior a tender puentes con Occidente con el discurso de que «los occidentales no son de fiar», ahora se ve en su misma posición. El equipo de Raisi, encabezado por el viceministro de Exteriores Ali Baqeri-Kani, acompañado de cerca de 40 funcionarios de los ministerios de Economía, Finanzas o Energía, accedió a dialogar en busca de resultados tangibles, que permitan capear las dificultades económicas del país.

«Tenemos dos objetivos: el primero es obtener un pleno, garantizado y verificable levantamiento de las sanciones impuestas al pueblo iraní. Sin esto, el proceso continuará indefinidamente», sentenció Baqeri-Kani en una tribuna publicada en el ‘Financial Times’. El resto de negociadores consideran que esta posición es maximalista. Los firmantes europeos han instado a Irán a ser más flexible, aunque reconociendo, a puerta cerrada, que la postura de la Casa Blanca no facilita el entendimiento.

«Esta situación de desafecto se traduce, con una fuerza perceptible en cada minuto de la negociación, en el temor a ‘ir demasiado lejos’ en las propuestas, sean en materia de levantamiento de sanciones o de vuelta a los compromisos nucleares», escribió el mediador Mora en el digital Política Exterior. Fue el pasado abril, cuando la anterior administración iraní negociaba unas bases para la resurrección del pacto atómico que, según varias fuentes, los nuevos negociadores no pretenden reutilizar.

El jefe negociador iraní admite la desconfianza reinante, achacándola a que «Occidente ve cualquier acuerdo sólo como una plataforma establecida para ejercer más presión a Irán». Los occidentales, por su parte, señalan los procesos de enriquecimiento de uranio que Irán reactivó un año después del adiós de EEUU al pacto atómico, y con los que ha logrado enriquecer material radioactivo al 60%. Insuficiente como para fabricar un arma atómica, pero suficiente como para elevar la tensión global.

Si durante meses el principal punto de choque entre iraníes y estadounidenses fue quién daba el primer paso en la desescalada, ora unos renunciando a sus medidas de enriquecimiento, ora otros suprimiendo alguna de las múltiples sanciones impuestas, hoy las posturas apenas se han movido. Por eso, y porque las expectativas de beneficios mutuos de un eventual acuerdo son hoy más sombrías, la mayoría de expertos da poca credibilidad a la posibilidad de una resolución rápida del actual impás.

«No esperen avances: las dos partes necesitan reunirse, desarrollar una relación y ponerse a fondo lo suficiente para captar la demanda, la posición de negociación y las prioridades específicas de la otra. Eso reducirá la incertidumbre y preparará el escenario para el progreso de las próximas rondas», publicó en Twitter el analista iraní Ali Ahadi. Visiones similares tienen otros expertos: mientras unos y otros sigan jugando duro, concluyen, y el entorno de unos y otros siga presionando en contra del diálogo, la luz seguirá lejos en el túnel.

Fuente: El Mundo.

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