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El presidente Adama Barrow obtiene en Gambia una victoria electoral que rechaza la oposición.

El presidente de Gambia, Adama Barrow, ha arrasado en las elecciones presidenciales celebradas este sábado, según los resultados finales facilitados por la Comisión Electoral Independiente (EIC), lo que le habilita para seguir otros cinco años en el poder. Con una participación del 89%, Barrow obtuvo el 53% de los votos (más de 457.000) frente a su rival más directo, Ousainou Darboe, que consiguió el 27,7% (unos 238.000) y solo logró imponerse en cinco circunscripciones, según informó Alieu Momar Njai, presidente de la EIC. El tercer lugar lo ocupa Mama Kandeh con solo el 12,3% (unos 105.000 votos), pese a contar con el sostén del dictador Yahya Jammeh desde su exilio en Guinea Ecuatorial.

Sin embargo, tres de los cinco candidatos de oposición ―Darboe, Kandeh y el independiente Essa Faal― anunciaron su rechazo a estos resultados y aseguraron que se reservan al derecho a acudir a los tribunales, pese a que firmaron un acuerdo preelectoral en el que se comprometían a aceptar el veredicto de las urnas dictado por la EIC. En un comunicado conjunto, señalan que sus representantes en los colegios electorales se han negado a firmar los resultados. “En este momento, todas las opciones están sobre la mesa”, señalan en el texto, en el que llaman a “todos los gambianos” a actuar de forma “tranquila y pacífica”. Poco después del anuncio de los resultados, cientos de personas se han concentrado para expresar su rechazo al resultado frente a la sede de la principal formación opositora, el Partido Democrático Unido (UDP), en la capital, Banjul. Otros en la ciudad festejan la reelección de Barrow.

Barrow, empresario del sector inmobiliario de 56 años con una cierta vitola de éxito en los negocios, era en 2016 el modesto y casi desconocido tesorero del UDP que se enfrentaba al poder absoluto del dictador Yahya Jammeh. Sin embargo, como el líder de este partido, Ousainou Darboe, estaba en prisión y no se podía presentar a las elecciones por el límite de edad establecido en la Constitución, se vio aupado a ser cabeza de cartel de la coalición creada por la oposición democrática para tratar de derrocar en las urnas a Jammeh, quien llevaba 23 años en el poder. Pocos confiaban en que fuera posible, pero Barrow ganó aquellas presidenciales de diciembre de 2016 y se convirtió en presidente tras la intervención militar de los países vecinos para echar al dictador, que se aferraba al sillón. Ahora se ha presentado por el Partido Nacional del Pueblo.

Llegó al palacio presidencial casi por casualidad y muchos pensaron entonces que sería flor de un día. Pero se equivocaron. Las elecciones de este sábado muestran que Barrow vino para quedarse, que tiene ambición y ha sabido jugar sus cartas en el tablero político y que algunas de sus apuestas más arriesgadas le han salido bien. La más decisiva, sin duda, fue hacer saltar por los aires en 2019 su promesa de que iba a cumplir solo tres años de mandato, lo que supuso su ruptura con la UDP, el partido que le aupó al poder. Una protesta en Banjul para recordarle su promesa acabó con 25 heridos y 137 detenidos. En estos años, el tímido empresario con fama de buen gestor pero de escaso verbo se ha convertido en un tiburón capaz de devorar con solvencia a sus rivales.

“Barrow ha demostrado que puede liderar este país”, aseguraba este sábado el joven conductor Ibrahima Dhiedhou, henchido de satisfacción tras votar por él. “Ha sabido rodearse de las personas adecuadas”, agregaba. Entre sus más fieles se encuentran dos políticos de peso, el ministro de Turismo Hamath Bah y la incombustible luchadora por los derechos de las mujeres Isatou Touray, a quien Barrow ha aupado a la Vicepresidencia y convertido en su mano derecha.

Mientras los seguidores de Barrow comenzaban a festejar su victoria, la otra cara de la moneda se vivía en la sede de la UDP. El veterano opositor Ousainou Darboe, de 73 años, se quedaba, una vez más, a las puertas del palacio presidencial. Su apariencia frágil, acrecentada en los últimos días de campaña por una ostensible cojera que le obligó a usar un andador, y su fama de mal carácter le han perjudicado, según Fatumata Jalloh, una joven estudiante universitaria que votó por otro candidato. “Darboe es malinké y muchas personas de otras comunidades temen que vaya a favorecer a ese grupo étnico”, aseguraba este domingo aireando un tema sensible que también ha sobrevolado esta campaña, la posibilidad de un voto étnico.

Fuente: El País.

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