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Medvedev, granítico, gana a Lennard-Struff y certifica la presencia de Rusia en la final.

Primero pegó Rublev. A continuación lo hizo Medvedev. Implacable Rusia, ya en su sexta final de la Copa Davis, que disputará este domingo (13.00 h., Vamos) ante Croacia. Al igual que en cuartos, contra Suecia, no les hizo falta acudir al dobles para resolver la eliminatoria. El equipo funcionó como se le supone, sin vías de agua. Medvedev es un valor seguro. Y respondió de nuevo contra el valiente Lennard-Struff. Rublev se elevó un par de escalones, sin salirse de madre como tiene a veces por costumbre, abriendo el camino con su cómoda victoria ante Koepfer.

Obligado a ganar para mantener las opciones de los suyos, Jan-Lennard Struff expuso pronto sus argumentos. A la mínima oportunidad, iba a vérsele arrojado a la cinta, cual Boris Becker revivido en la cancha. No se dejó intimidar Medvedev, que contó con el formidable respaldo de su servicio (83% con primeros) para dedicarse casi en exclusiva a buscar la manera de detener a su intrépido adversario. Se detuvo solo el alemán, tembloroso en la frontera. Noveno juego, 4-4, sofocó las dos primeras amenazas pero se le quedó un bote pronto en la cinta.

Medvedev es de granito. Ni se inmuta. Las únicas muestras de debilidad las dio en el arcén. Tuvo que ser atendido en varias ocasiones porque le sangraba la nariz. La segunda de ellas, la más espectacular, tumbado en el suelo, ya con una ventaja que se adivinaba definitiva, tras pegarle otro bocado al marcador en el quinto juego del segundo set. Ganó por un doble 6-4, en una hora y seis minutos. Struff hubo de esperar al último juego para tener su única pelota de rotura, sofocada de inmediato con un gran servicio. Medvedev pidió calma a la grada, que animaba a Struff con el lícito afán de seguir viendo tenis. No era de la mismo opinión el ganador del Abierto de Estados Unidos, que completó el relampagueante triunfo ruso.

CONVINCENTE RUBLEV
La derrota de Andrey Rublev con Feliciano López expuso a Rusia a quedar fuera en la fase de grupos e incumplir así los pronósticos que, cargados de argumentos, la situaban como principal favorita para llevarse la Copa. Les bastaba con hacer poco en el partido de dobles, que finalmente ganaron para desconsuelo de España, eliminada. Shamil Tarpischev, leyenda en la historia del tenis de su país, mantuvo la confianza que ha depositado en Rublev a lo largo de todo el torneo. Es el número cinco del mundo, y aún con graves tropiezos como el sufrido ante Feli, que estuvo excelso en los dos últimos sets, o deslices como el sufrido ante Roberto Quiroz, el casi descatalogado número dos de Ecuador, iba a estar en las semifinales.

Mucho más templado, Rublev respondió esta vez sin caer en el exceso y venció por 6-4 y 6-0, en tan sólo 49 minutos. Quebró al principio de cada set y administró su ventaja con sensatez ante un Dominik Koepfer demasiado contemplativo. El ruso se estabilizó bien a partir del acierto con el servicio (nueve aces y el 74% de acierto con el primero) y puso a Rusia con ventaja, en el lugar deseado para no precisar del encuentro de dobles, que sólo se jugó de manera testimonial.

En su cuarto partido con la camiseta alemana, Koepfer, debutante en la competición el pasado año, no estuvo a la altura. Ni siquiera hizo cosquillas a un Rublev firme, contundente, que parece empezar a alcanzar su mejor nivel en el momento culminante del torneo. Semifinalista en 2019 contra Canadá, Rusia quiere ahora su tercera Copa Davis. Posee la mejor pareja de singlistas, dos y cinco del mundo. Si Rublev exhibe ese grado de acierto y contención, los campeones de 2002 y 2006 tienen buena parte del camino andado. Croacia ya espera en la final.

Fuente:El Mundo.

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