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Un mural inédito de Diego Rivera cobra vida en la UNAM.

Dos años antes de su muerte, Diego Rivera emprendió el que sería uno de sus últimos proyectos artísticos: un mural para las paredes de los edificios principales de la Facultad de Química, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En 1955, cuando tenía 68 años edad, y poco tiempo después de haber terminado la monumental obra de 46 metros de largo por 10 de ancho que adorna el Teatro de los Insurgentes o su célebre Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, el prolífico muralista había dejado listos los dibujos preparatorios para su nuevo proyecto: ‘La ciencia química presente en las principales actividades productoras útiles a la sociedad humana’. De aquella obra se conocía apenas un boceto a lápiz sobre papel de 61 por 47 centímetros, hasta ahora que, gracias al video mapping — tecnología en la que se usan proyectores para desplegar una animación sobre superficies arquitectónicas —, aquel mural cobró vida y se pintó de colores en el edificio de la Facultad de Química que mira al occidente en la Universidad más grande de América Latina y de la lengua española.

“Aprovechamos el aniversario 105 de la Facultad de Química para volver realidad la obra que el maestro Diego Rivera concibió para esa pared exactamente. Al menos por unos momentos. Nos tomamos la libertad de colorear el boceto y contratamos a expertos en la obra de Rivera y expertos en el video mapping”, explica el director de la Facultad de Química, Carlos Amador Bedolla, en conversación con EL PAÍS. El arte digital que dio vida al edificio estuvo a cargo de la compañía Casa de Luz y Medusa Lab.

“Nadie como Diego Rivera, por su cultura y talento, para convertir en elementos de belleza plástica los fríos motivos de la ciencia”, dijo en 1944 y con razón el cardiólogo Ignacio Chávez, quien encargó al muralista las pinturas que decorarían el vestíbulo del auditorio del recién creado Instituto Nacional de Cardiología de Ciudad de México. No sería el primero que abordaría temas científicos, médicos o tecnológicos. Para muestra, basta ver la traza del mural para la Facultad de Química que, en palabras del propio Rivera, tenía la intención de “glorificar el legado de la química vinculada al desarrollo social, los beneficios dentro de la industria minera, la ingeniería civil, el desarrollo de infraestructura hidráulica y médica, en beneficio de la patria”. El mural fue concebido en dos partes de 360 metros cuadrados cada una, en las que el artista planteó diversas actividades relacionadas con la química, como la producción de fierro y acero, de vidrio, de bronce, así como la alfarería y cerámica en la construcción arquitectónica.

En el boceto para un bajorrelieve en color, Diego Rivera escribió: “Centro superior explosivos, el químico y sus obreros los entregan a los ciudadanos para construir caminos y túneles; dar paso al agua entre las montañas para llenar las presas de irrigación; arrancar los metales útiles y preciosos a las entrañas de la tierra, y para que la ciencia abriendo las manos del conocimiento dé a todos sus dones y señale el camino de la defensa de la Patria y de la Libertad”.

“Este boceto fue proyectado para los muros este y oeste del edificio de la Facultad de Química. Ahí se percibe la estética de Rivera en toda su fuerza, a partir del desarrollo científico como tema central y como una de las actividades de la sociedad moderna. Nuevamente, personajes de carne y hueso viven en un mundo dinámico e industrializado, y la materia extraída del subsuelo es transformada e incorporada a la vida cotidiana. De haber visto la luz y el color, su mensaje, sin duda, seguiría asombrando a todo aquel que pusiera su mirada en esta obra, la cual no se realizó. En los bocetos, sin embargo, la efervescencia creadora del artista hace que los espacios exalten la figura humana, a los personajes que uno a uno contaría su historia”, explica la investigadora y curadora del Instituto Nacional de Bellas Artes, María Estela Duarte Sánchez.

“De modo magistral y como una gran alquimista empleó en los murales la técnica del fresco, retomándola de la tradición italiana e inspirándose en la iconografía prehispánica, además de ampliar su paleta de colores y experimentar con diversos materiales. Rivera concibió lo moderno como un bien común a favor de la sociedad y puso énfasis en los trabajadores industriales y campesinos que fundamentan el desarrollo”, agrega.

Fuente: El País.

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