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Macron presenta las prioridades de la presidencia semestral de la UE y anuncia una reforma de Schengen.

Francia asume la presidencia semestral de la Unión Europea el próximo 1 de enero y, cuatro meses después, celebra elecciones presidenciales. Es decir, que con la llegada del año nuevo, Emmanuel Macron -todo el mundo da por hecho que querrá revalidar su mandato aunque él no haya hecho aún un anuncio oficial – será, a la vez, un candidato en campaña y el presidente del Consejo de la UE.

Entre las llamadas a la defensa de las fronteras y la seguridad (ejes del programa de Marine Le Pen, líder de la ultraderecha) y de la reivindicación de lo francés frente al auge de la inmigración (claves en el discurso de Valérie Pécresse, candidata de Los Republicanos), Macron reivindica lo contrario: una Europa de naciones, de diálogo, de intercambio. Estos tres nombres figuran en el podio de todas las encuestas. Macron obtendría el 25% de los votos, seguido por un empate entre Pécresse y Le Pen, que recabarían alrededor de un 16%, según el sondeo Ipsos-Sopra Steria del 8 de diciembre.

El presidente francés ha anunciado una reforma del espacio Schengen para proteger mejor las fronteras exteriores de la Unión Europea. «Europa tiene que ser capaz de controlar sus fronteras», dijo Macron durante la rueda de prensa.

Uno de los objetivos de esta reforma será poner en marcha un «pilotaje político» de Schengen similar al que ya existe en la zona euro (el Eurogrupo), lo que se traducirá en reuniones periódicas de los ministros competentes, informó Efe.

El presidente ha dicho que el objetivo de la presidencia es «avanzar hacia una Europa poderosa en el mundo, plenamente soberana, libre de sus elecciones y dueña de su destino». Macron adelantó que el lema de esta Presidencia sería «renacimiento, poder y pertenencia». El mandatario ha anunciado además una cumbre entre la Unión Africana y la UE en febrero en Bruselas y un «paquete migratorio», con un trabajo más estrecho con los países de origen de los inmigrantes.

Cuando en 2017 ganó a Marine Le Pen en la segunda vuelta, Macron, frente a la pirámide del Louvre y rodeado de banderas de Francia, eligió el Himno de Europa como banda sonora de su triunfo. Esa Europa en la que siempre ha creído, con la pasión idealista de los amores platónicos, alejados, quizás, de la realidad.

Hay que recordar otro momento simbólico en la trayectoria de Macron, el 26 septiembre de 2017, en la sede La Sorbona. Aquel día, el presidente propuso crear algo parecido a los Estados Unidos de Europa y llamó a refundar el continente -desde sus finanzas a sus estructuras democráticas- frente al «nacionalismo y el identitarismo». Un discurso ambicioso que le valió no pocas críticas.

Cuatro años después, el mandatario sigue defendiendo que Europa «puede tomar sus propias elecciones, militares, tecnológicas, culturales, de valores» porque significa abandonar «el discurso de las incapacidades», según aseguró el pasado lunes durante el 25 aniversario del Instituto Jacques Delors. «¡Estamos vacunados gracias a Europa! Sin ella, abandonados a los egoísmos nacionales, no habríamos podido hacerlo», añadió.

EUROESCEPTICISMO FRANCÉS
Han pasado 14 años desde la última vez que Francia ocupó esa presidencia, en tiempos de Nicolas Sarkozy. Entonces, para el ex jefe de estado supuso un salto en su popularidad. Pero en este tiempo, Francia -y sobre todo, lo que Francia opina de Europa- ha cambiado. Según la encuesta Odoxa-Backbone Consulting para el diario Le Figaro, el 32 % de los consultados creen que presidir la Unión Europa será un ventaja y no un hándicap (16%) para el candidato Macron.

«La presidencia francesa de la Unión Europea le alejará de los franceses los últimos meses antes de las elecciones. Hace falta que el presidente guarde mucha energía para todo lo nacional, para sus desplazamientos en Francia. Es una necesidad absoluta para él, porque los franceses hace mucho tiempo que han dejado de conocerle», decía Franck Louvrier, ex consejero de comunicación de Sarkozy al que hoy ocupa ese puesto al lado de Macron, Clément Léonarduzzi, en un diálogo que estos días recordaba el periódico Les Échos.

Una encuesta del antes citado Instituto Jaques Delors, del pasado noviembre, titulada Euroescepticismo a la francesa, revelaba que Francia forma parte del grupo de países menos favorables a la Unión Europea (un club donde están también Hungría, Polonia o Irlanda). Este informe apuntaba otra conclusión preocupante y es que la integración europea se percibe como algo negativo sobre todo entre las clases populares, los obreros y los parados, colectivos que ven a Europa como una amenaza que podría quitarles las protecciones sociales que les garantiza el Estado. Colectivos que, cuando voten el próximo 10 de abril, opten por un candidato que no haya hecho de Europa la piedra angular de su discurso.

Fuente: El Mundo.

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