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Los renglones torcidos de Benzema hacen capitular a un gran Athletic.

Los renglones torcidos son los mejores en el fútbol, aunque no los escriba Dios. Sorprenden, burlan y ganan. Pocos los trazan como Benzema, que no es un dios, porque no los tiene esta religión pagana, casi un sincretismo, pero es uno de sus profetas de culto. El golpeo con el que abrió el marcador fue una de sus declaraciones. O profecías. Poco más hay que decir. Por suerte, crecen sus seguidores. No olviden a Oihan Sancet. Tiene 21 años.

Uno y otro dejaron las rúbricas en el acta de un grandísimo partido, acorde con una atmósfera que jamás defrauda. San Mamés pone a quienes aprecian esto, de casa o de fuera, amigos o enemigos. Benzema, aplaudido en su salida, ya lo sabe. Lo atrapó el Madrid, más eficaz y preciso, pero lo merecieron ambos, recompuesto un Athletic de los dos primeros goles de Benzema, en siete minutos, hasta reencontrarse con su mejor perfil, en el que encaja bien el hacer de Marcelino. Es intenso y presionante, como siempre, pero es también rico en la combinación. Lo demostró con su crecida en el Bernabéu y volvió a hacerlo en su estadio, en esta jornada adelantada entre dos equipos que jugarán la Supercopa en enero, en Arabia.

En la primera de las acciones, Benzema golpeó sin detener el balón, que es como mejor se puede dar el efecto. El francés lo hizo al recibir de Kroos un pase tenso, por lo que multiplicó la fuerza sin perder la parábola. Julen Agirrezabala, sustituto de Unai Simón, nada pudo hacer. Tampoco lo habría hecho el titular. Bajo el shock de ese tanto, que es cuando un equipo es más vulnerable, el Madrid volvió a golpear, al aprovecharse de una pérdida y organizar la contra. Finalizó de nuevo el francés, esta vez con la facilidad con la que un empleado de Correos timbrea sobres.

CAMAVINGA NO ES CASEMIRO
Observar al Madrid con ese margen por delante es como mirar abajo desde un décimo piso. Da miedo. El Athletic tuvo la fortuna de encontrar rápidamente el antídoto y lo hizo de la misma forma en que se había adelantado el Madrid. Sancet tiene 12 años menos que Benzema, pero el pie del futbolista de Pamplona apunta maneras de los grandes. El latigazo invirtió la parábola de Benzema, igualmente imposible para el portero, aunque se llame Courtois. Pie por pie, gol por gol y ojo por ojo. La diferencia es que el Madrid había sumado uno más, pero emocionalmente el partido regresó al principio.

El Athletic volvió a creer en lo que hace y empujó a un Madrid con piezas de circunstancias en el centro del campo y la defensa, debido al largo parte de bajas. En el primero, Camavinga y Valverde. A los dos les gusta la conducción, el recorrido, no son clones de Casemiro. Al francés le tocó interpretarlo. En defensa, Lucas Vázquez y Nacho tienen más mili, aunque un error del primero entregó al Athletic la ocasión más clara, fallada por Iñaki Williams después de que Sancet fuera demasiado generoso. Tiene que creérselo más. También su entrenador, que lo sustituyó a la hora cuando era el mejor de su equipo. Buscaba Marcelino más agresividad con Raúl García.

LAS PARADAS DE AGIRREZABALA

La sanción a Casemiro y la plaga de Covid habían dejado al Madrid muy justito. Una circunstancia que ha dado a Hazard una oportunidad en la que, posiblemente, no pensaba Ancelotti. De menos a más frente al Cádiz, mejoró mucho el belga en San Mamés, pese a no jugar en su banda y buscar el interior. Acabó con una ocasión sacada por Agirrezabala, que puso dos manos de aúpa, la segunda ante Kroos. Hazard, que progresa adecuadamente, dejó su lugar a un debut muy esperado: Peter. Tampoco acabó el partido Vinicius, en versión light.

El Madrid no salió al espacio del mismo modo en el segundo tiempo, más conservador, con la pretensión de tener más posesión para proteger su ventaja y aumentar su liderato, mientras Marcelino utilizaba todos los recursos que pudieran electrificar el choque, como la salida de Nico Williams, además de exprimir a Muniain hasta que ya no pudo más. Dejó el campo con honor, como Karim, reconocido por quienes saben de esto.

Fuente: El Mundo.

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