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Simone Biles, la estrella que dijo «basta».

«Me pregunto: ‘¿Puedo hacerlo mejor que lo que ya lo he hecho?’. Sólo busco ganarme a mí misma. Es todo mucho más difícil». Unos días antes de conmocionar al mundo y de protagonizar la gran noticia de los Juegos Olímpicos de Tokio, Simone Biles (Columbus, Ohio 1997) reflexionaba sobre su situación, avisando, en el fondo, de que algo no iba del todo bien en su interior. La gran rival de la mejor gimnasta de la historia era ella misma. Condicionada por los turbulentos casos de abusos sexuales en el equipo de gimnasia de Estados Unidos, por la presión de unos Juegos que habían perdido al resto de sus grandes estrellas y por el éxtasis de un país insaciable con el éxito de sus deportistas, Biles debía ganar por ella, por su nación, por la historia y por el deporte. Demasiado peso sobre sus hombros.

El 27 de julio, en el Centro de Gimnasia Ariake, la gran estrella de Tokio, la implacable dominadora de la gimnasia mundial durante el último lustro, se consumió. Realizó medio giro de un movimiento que debía ser de dos y medio, aterrizó hacia su derecha y dio un paso hacia adelante al apoyar los pies. «Oh…», retumbó el pabellón, huérfano de público, pero repleto de profesionales y expertos en todos y cada uno de esos movimientos. Algo había fallado en la mujer que nunca fallaba.

Biles abandonó la competición por equipos y tampoco participó en las siguientes. Al principio se había especulado con alguna lesión física, pero la propia gimnasta se encargó de explicar sus problemas. Lo que se había roto en Biles no era un hueso ni un músculo, sino su espíritu, sus ganas de seguir, su cabeza, víctima de la presión. Y en lugar de esconderse, se enfrentó a las cámaras y dejó para la historia el mayor recuerdo de Tokio 2021: puso la salud mental en un foco mediático pocas veces visto y se plantó cara a cara contra el shock que su renuncia había provocado en Tokio y en el mundo entero.

«Físicamente me encontraba bien, pero internamente necesitaba dar un paso a un lado. Tenía que proteger mi mente, no podía salir y hacer lo que todo el mundo quería que hiciese. No confío en mí misma tanto como antes… En estos Juegos ha habido un par de días en los que he sentido el peso de todo el mundo en mis espaldas. No soy sólo una deportista, soy también persona», reveló en sala de prensa.

Al día siguiente, el 28 de julio para un pabellón en el que parecían haber pasado siglos, la Federación estadounidense anunció la baja de Biles para todo el concurso completo: «Necesita centrarse en su salud mental». La Federación que la apoyó en Tokio es la misma a la que se había tenido que enfrentar Biles tras el caso Nassar. La deportista fue estrella y líder del equipo en el plano político, luchando porque las gimnastas entraran en los órganos de gestión de la Federación, por la creación de una organización independiente donde las deportistas pueden denunciar abusos y, entre otras cosas, la implantación de protocolos de protección, con cámaras de seguridad en los gimnasios. Un desgaste de muchos meses que se reflejó en Japón.

«UNA RESPUESTA A LA ANSIEDAD ES HUIR»
Una semana después de aquel 27 de julio, ganó el bronce en la barra de equilibrio, su única participación, su única medalla. Siete días de «Biles contra Biles», como reflejaron los medios americanos. Siete días de presiones para salir a competir. «Sólo quiero irme a casa. Soy humana, no un entretenimiento», llegó a pedir. «Sólo subirme encima de la barra ha significado un mundo para mí». Pese a todo, el seguir en Tokio, enfrentada a sí misma y a la situación que la consumió, puede haber salvado su futuro. «Una de las respuestas a la ansiedad es la huida, pero ella siguió allí. El miedo a esa situación puede aumentar si se huye de ella», explica a este periódico María Blanco, Psicóloga Deportiva de TYM Psicología. «Lo que trabajamos en esos casos es la aproximación a esa situación intentando bajar los niveles de ansiedad. Exponerla a esa situación es clave», añade Blanco. «Algo así puede suponer un trauma para la persona en el futuro», asegura el psicólogo deportivo David Peris.

En los meses siguientes al shock de Tokio, Biles ha estado centrada en su familia y amigos, en la multitudinaria gira del equipo de gimnasia por todo Estados Unidos, una que ella misma dirige y que ha congregado a más de 20.000 personas, y en la resolución del juicio por los abusos sexuales de Larry Nassar, tras los que la Federación y el Comité Olímpico pactaron una indemnización de 380 millones de dólares a las deportistas. «No quiero que ningún otro atleta sufra el horror que viví», testificó ante el juez. «Debería haberme echado atrás mucho antes de los Juegos». Era la única gimnasta víctima de Nassar que seguía compitiendo. Su futuro profesional queda ahora pendiente de su salud mental. «Solo quiero que un médico me diga cuándo voy a estar bien», explicó en octubre.

Y EN 2022
Cuidando de su salud mental. Una vez terminado el juicio contra Larry Nassar y después del pacto entre las gimnastas, la Federación y el Comité Olímpico estadounidense, Biles se encuentra fuera del radar de las competiciones, «disfrutando de la familia y de los amigos».

La gira del equipo de EEUU. Durante un par de meses, las principales estrellas del equipo estadounidense de gimnasia participaron en el ‘Gold Over America Tour’, con Biles como estrella. Todo indica que volverán en 2022.

Mundiales de gimnasia. Entre el 28 de octubre y el 6 de noviembre se celebrará en Liverpool el Campeonato del Mundo de gimnasia. La presencia de Biles, en duda.

Fuente: El Mundo.

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