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«En nombre de Dios, váyase»: crece la presión a Boris Johnson para que dimita como primer ministro.

«En el nombre de Dios, váyase». Con estas palabras, que en su momento le espetó el diputado conservador Leo Amery al primer ministro Neville Chamberlain antes de su dimisión en 1940, le exigió este miércoles el parlamentario David Davis a Boris Johnson que abandone de una vez su cargo. «Lleva usted sentado ahí demasiado tiempo para las pocas cosas buenas que ha hecho… En el nombre de Dios, váyase», le dijo al ‘premier’ el que fuera secretario del Brexit, en el que es sin duda su momento más difícil desde que ganara las elecciones con una aplastante mayoría en diciembre del 2019. Para Johnson, ser comparado con Chamberalin es un completo insulto, considerando que su ídolo y referente es Winston Churchill.

Davis, en un debate especialmente duro en la Cámara de los Comunes, detalló que aunque en muchos momentos ha defendido a Johnson de los «electores enojados» de su circunscripción por una serie de escándalos que han ido surgiendo uno tras otro, los informes sobre las fiestas donde corría el alcohol en Downing Street durante el confinamiento han sido demasiado. Lo mismo cree el hasta ahora ‘tory’ Christian Wakeford, que decidió pasarse a las filas laboristas, tal es su decepción con el líder de su partido por el llamado ‘Partygate’, una decisión que calificó como «la más dura» de su vida.

Precisamente Wakeford, que dijo que el comportamiento de Johnson es «vergonzoso», es uno de los diputados del ‘muro rojo’ inglés que acabaron dándole la victoria en las generales y que ahora forma parte del ‘pork pie plot’ (la ‘trama del pastel de cerdo’), con al menos una decena de ellos dispuestos a votar una moción de censura contra él. De hecho, ya han enviado sendas cartas de no confianza al presidente del llamado Comité 1922 del Partido Conservador, que puede activar la moción si el 15% de sus diputados, en este caso, 54, envían dichas misivas. Hay posibilidades de que ese número se alcance, pero eso no significa la derrota definitiva, ya que una vez que eso suceda se tiene que convocar la votación, que en principio se esperaría para la próxima semana, y solo si más del 50% de los parlamentarios conservadores aprueban la moción, empezaría la contienda para reemplazar a Johnson como líder de la formación.

El líder conservador escocés, Douglas Ross, uno de los más críticos contra el primer ministro y el primero que confirmó que envió una carta al Comité 1922, se mostró optimista al considerar que la moción de censura está «cada vez más cerca».

Durante la sesión en el Parlamento se mostró también muy duro con el ‘premier’ el líder laborista, Keir Starmer, quien consideró «absurdas y francamente increíbles» sus explicaciones sobre las fiestas ilegales en Downing Street, entre las que destaca el hecho de que Johnson asistiera a una de ellas, el 20 de mayo de 2020, según él creyendo que se trataba de una «reunión de trabajo», lo que ha provocado innumerables críticas y burlas. «La decisión del primer ministro de asistir fue increíblemente estúpida», aseveró el diputado Paul Beresford.

El diario ‘The Telegraph’ asegura que varios de los cabecillas de la trama fueron convocados a Downing Street para un encuentro con Johnson durante el cual, según las fuentes, el ‘premier’ estuvo «al borde de las lágrimas» mientras le pedía a sus parlamentarios que no le quitaran su apoyo.

Quienes definitivamente parecen haberlo abandonado son los votantes, según reflejan las encuestas, en las que ha caído más de diez puntos. El destacado politólogo y experto en consultas John Curtice considera poco probable que su imagen se recupere, ya que una mayoría piensa que es un «mentiroso» y un «cobarde». Así, sus diputados «tienen que preguntarse si es probable que el primer ministro se recupere, o no, de una situación en la que alrededor de la mitad de la gente que votó por él piensa que debería irse», detalló el especialista.

Fuente: ABC.

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