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Turquía aprovecha la crisis en Bosnia para reforzar su presencia en los Balcanes.

Los ecos de la inestabilidad provocada por las presiones separatistas de la comunidad serbia en Bosnia-Herzegovina han despertado el interés de Turquía por intervenir directamente en la zona. Y a diferencia de lo que sucedió en la década de 1990, cuando tuvo lugar la guerra de los Balcanes y Ankara asistió impotente a la destrucción de Yugoslavia y a los ataques contra los musulmanes, la Turquía actual se siente mucho más fuerte y ha demostrado que es capaz de actuar por su cuenta sin el permiso ni el apoyo de nadie no solo en su vecindario, como en Irak o Siria, sino que ha sido esencial en la victoria de Azerbaiyán en Nagorno Karabaj y es uno de los actores capitales, con presencia militar activa, en el conflicto libio.

El autócrata turco, el islamista Recep Tayyip Erdogan, ya ha anunciado sus intenciones de jugar un papel predominante en los Balcanes. Oficialmente el líder turco se ofrece como mediador entre los serbios y los musulmanes bosnios, pero sin abandonar nunca sus propios intereses en esta región estratégica para la Unión Europea.

En diciembre, el ministro de Defensa turco, el general Hulusi Akar, visitó oficialmente Kosovo y Bosnia-Herzegovina para dejar claro que Turquía está lista para actuar como mediador en la región y para advertir que hará todo lo posible para garantizar la estabilidad y la integridad territorial de Bosnia, vinculándolo a la seguridad de la propia Turquía. «Dentro del alcance de las misiones de la OTAN, las Naciones Unidas y la Unión Europea y las relaciones bilaterales, apoyamos a todos nuestros amigos y hermanos en Somalia, Qatar, Azerbaiyán o Libia y también en Kosovo y Bosnia-Herzegovina», dijo el militar para indicar a continuación que Ankara «continuará haciendo todo lo que sea necesario para garantizar la seguridad de nuestro país».

La declaración del general Akar suscitó naturalmente la inquietud de Serbia, cuyo presidente, Aleksandar Vucic, acudió en enero a Ankara para entrevistarse con Erdogan, que quiere reunir en Ankara a los líderes de las tres comunidades bosnias para tratar de evitar la ruptura del país. Vucic logró que Erdogan aceptase aplazar este intento de mediación hasta después de las elecciones generales en Serbia, previstas para el 3 de abril, de modo que un asunto tan sensible como este no interfiera en la campaña electoral en Belgrado. A cambio el turco exigió que en que, por ahora, tanto los serbios de Bosnia como los croatas y los musulmanes actúen «con sentido de la responsabilidad» y se abstengan de tomar medidas que pongan en peligro la existencia de Bosnia.

El auténtico propósito
El asunto ahora es saber si el verdadero objetivo de Erdogan es preservar la unidad de este complicado país o si en realidad su auténtico propósito es aumentar en la penetración de Turquía en los Balcanes. No está claro si el líder turco pretende asumir un papel de mediador neutral o si lo que planea es apoyar sobre todo a los bosnios musulmanes, es decir, a los que el general Akar definió como «nuestros amigos y hermanos».

En estos momentos, Turquía dispone un contingente militar en Sarajevo, aunque está encuadrado dentro de la misión de estabilización que manda la Unión Europea (Eufor ALTHEA) en la que se encuentran también tropas de Hungría y Austria, a las que en enero se ha añadido un destacamento rumano.

Está claro que en los últimos años Turquía ha desarrollado una política exterior propia basada cada vez más en intervenciones militares en zonas de su interés, no siempre de acuerdo con sus alianzas tradicionales con las potencias occidentales. En algunos escenarios se presenta como una fuerza mediadora, pero en realidad sería difícil describir estas operaciones estratégicas como neutrales. Hacerlo en un área como los Balcanes que forma parte del escenario estratégico esencial de la Unión Europea sería un paso cualitativamente muy relevante.

Una de las voces que claman por una intervención turca en los Balcanes es el escritor turco Yusuf Kaplan, conocido por su orientación islamista y su cercanía con el partido de Erdogán, el AKP. «Los musulmanes de los Balcanes mantienen sus lazos con el islam a través de la presencia de Turquía y de sus relaciones con Turquía, es decir que los Balcanes dependen de Turquía y cualquier acción de Turquía se siente como un terremoto allí» escribió la semana pasada en el diario oficialista ‘Yeni Safak’, considerado como el portavoz del régimen turco. «El Imperio Otomano no está muerto en los Balcanes; es un gran sueño, un reclamo renovador por redescubrir» concluía.

Fuente: ABC.

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