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Los oligarcas rusos que no se atreven a morder (públicamente) la mano de Putin.

El mismo día que ordenaba la invasión de Ucrania, Putin convocó en el Kremlin a algunos de los principales empresarios del país eslavo. Se sentó, como en otras ocasiones, a unos cuantos metros de distancia de sus interlocutores, que en este caso eran trece plutócratas cuyas fortunas han sido alumbradas al calor del gobierno ruso. Una semana después del estallido del conflicto –y de aquella reunión– las empresas con sede en Moscú se encuentran con sus cotizaciones congeladas en bolsa y el rublo, en caída libre. Y aunque el goteo de multinacionales que interrumpen las relaciones comerciales con Rusia no ha cesado en los últimos días, la guardia pretoriana económica de Putin aún resiste, al menos mayoritariamente.

Son pocos los oligarcas rusos que han alzado la voz, aunque con mesura, para frenar el conflicto en el este de Europa.

Es difícil morder la mano que te da de comer. Sin embargo, desde el pasado fin de semana, la guerra se libra en un campo de batalla económico y los oligarcas son unos de los principales objetivos de esta ofensiva, ya que representan alrededor del 35% del PIB del país.

La guerra económica
De aquellos trece multimillonarios que se reunieron con Putin, solo uno se ha ‘rebelado’, aunque precisamente ha sido el hombre más rico de Rusia, Alexey Mordashov, que ha apelado a la paz. Es el presidente de un conglomerado con intereses en empresas metalúrgicas, energéticas y mineras y ha renunciado a su participación en el grupo turístico alemán TUI, después de ser uno de los 26 empresarios a los que la Unión Europea incluyó el lunes de la semana pasada en su lista de sancionados.

«La intención de la Unión Europea ha sido aislar a Putin e incitar a los oligarcas a que se rebelen contra él. Pero por el momento muchos de ellos son ambiguos, y es difícil pensar que se vayan a posicionar públicamente en contra del conflicto», explica Ernesto Pascual, profesor de Estudios de Ciencia Política de la de la Universitat Oberta. Pascual recuerda que «las personas que se han opuesto a Putin con anterioridad han recibido severos castigos», por lo que descarta que públicamente se vayan a producir «grandes críticas». Otra cosa es en el ámbito privado, donde Putin mantiene frecuentes encuentros con estos empresarios. Y lo que es más importante, suele escuchar sus recomendaciones. «Estos empresarios han tenido que cambiar de vida radicalmente, por lo que lo más seguro es que intenten convencer al presidente de que el conflicto no es lo más conveniente», asegura el profesor, y añade que la guerra «es ya económica».

«Estos empresarios han tenido que cambiar de vida radicalmente, por lo que lo más seguro es que intenten convencer al presidente de que el conflicto no es lo más conveniente»
«Le tienen miedo, pero algunos empiezan a lanzarle mensajes», afirma por su parte Mario Weitz, consultor del Banco Mundial y profesor de la escuela de negocios Esic. En su opinión, las sanciones europeas sí están siendo efectivas y pueden influir en el desarrollo de la guerra. Sobre todo si se intensifican en las próximas semanas.

Otro de los hombres más ricos de Rusia –aunque no estuviera convocado en la citada reunión– que ha roto su silencio ha sido Oleg Deripaska, conocido como ‘el rey del aluminio’. Controla el grupo de inversión luxemburgués LetterOne, dueño de la cadena de supermercados Dia, y aunque ya fue crítico con el ataque ruso a Ucrania el pasado sábado, el jueves volvió a resaltar que «la paz es importante». Deripaska fue sancionado por la Unión Europea, al igual que Mikhail Fridman, que controla Alfa Group y de quien se ha hablado en los últimos días por abandonar el consejo de LetterOne. Fridman, según publicó ‘Financial Times’, habría escrito a sus empleados una carta en la que aseguraba que «el conflicto era una tragedia para Rusia y para Ucrania». Otro caso que saltó a los medios fue el de Roman Abramovich, que el miércoles anunció la venta del Chelsea.

La crítica, si la hay, se expresa en un tono más bien comedido: Alexander Ponomarenko, al frente del Aeropuerto Internacional de Moscú-Sheremetievo, presentó su dimisión un día después de ser incluido en la lista de magnates castigados por Europa y alegó: «Dadas las circunstancias actuales, considero necesario dejar la presidencia de la Junta Directiva del Aeropuerto Internacional Sheremetievo JSC». Para cerrar la lista de los ‘insurrectos’ hay que mencionar a Oleg Tinkov, exdueño de equipos ciclistas de élite y quizá el más agresivo con Putin hasta la fecha. Tinkov, sin pelos en la lengua, afirmó que el líder ruso «debería gastarse el dinero en investigar tratamientos contra el cáncer».

Fuera de estos nombres, el grueso de las fortunas se mantienen en silencio. Algunos multimillonarios de su ‘núcleo duro’ son Igor Sechin, director ejecutivo de Rosnef, empresa petrolera estatal rusa y que además encabeza la lista de sancionados de la UE. Putin también cuenta con el apoyo de Nikolay Tokarev, que maneja Transneft, otra importante empresa de petróleo y gas; o de Vaguit Alekpérov, actual presidente de la petrolera LUKoil y uno de los asistentes a la reunión del jueves pasado con Putin, según la revista ‘Forbes’.

En la lista negra de la Unión Europea figuran algunos oligarcas muy próximos al líder ruso, casi confidentes. Uno de ellos es Petr Aven que continúa apoyando a su íntimo amigo, aunque tras las sanciones decidió renunciar a ser administrador de la Royal Academy de Londres, según adelantó ‘The Guardian’. Algo parecido hizo Alisher Usmanov, otro de los oligarcas preferidos del presidente y supuesto ‘testaferro’. Las autoridades alemanas incautaron el jueves su yate, valorado en casi 600 millones de dólares. Usmanov, que tiene intereses en el sector metalúrgico y también es accionista de Alfa, decidió el martes dejar la presidencia de la Federación Internacional de Esgrima, pero guarda silencio sobre la guerra en Ucrania.

Favores del pasado
Los hay que han sido penalizados por dos veces y aún así permanecen firmes en su postura. Hay que recordar que Reino Unido también penalizó la semana pasada a un grupo de multimillonarios rusos, días antes que la Unión Europea. El hombre doblemente sancionado es Gennady Timchenko, amigo cercano de Putin, cuya lealtad permanece inquebrantable. Es fundador y principal accionista del grupo Volga, con sede en Luxemburgo, y le debe mucho al presidente de Rusia, pues en 1991 este le otorgó una licencia de exportación de petróleo. Timchenko fundó posteriormente Gunvor, con la que exportaría miles de millones de dólares en petróleo ruso.

Muchos de los plutócratas ‘fieles’ controlan compañías estatales favorecidas por el Kremlin como Vladimir Potanin, dueño del complejo minero de la ciudad rusa de Norilsk o Dmitry Pumpyansky, propietario de OAO TMK, fabricante mundial de tubos de acero. También está Andrei Bokarev, una figura muy importante en la vida económica de Rusia, que controla la fabricación de equipos ferroviarios de todo el país. La lista de nombres al frente de compañías que funcionan con dinero público es extensa, también figura en ella Andrey Guryev, uno de los mayores productores de fertilizantes a base de fosfato del mundo y vicepresidente de la Unión Rusa de Químicos.

Está por ver si Putin pierde amigos en el curso de la guerra, aunque sus fortunas dependan más del Kremlin que de Occidente. Por lo pronto, EE.UU. ya ha anunciado un nuevo paquete de sanciones que seguirán tratando de estrechar el círculo de apoyos económicos del presidente de Rusia

Fuente: ABC.

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