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El ciclismo, referente positivo para la juventud: Nairo Quintana.

En el pueblo de Nairo Quintana, la suerte estaba echada desde el nacimiento. El primer latinoamericano que subió a un podio final en el Tour de Francia montó tarde a una bicicleta, lo hizo por primera vez a los 15 años, en Cómbita, una localidad de menos de 15 mil habitantes en Boyacá, Colombia. Nacer y crecer ahí era habitar un mundo cerrado y repetitivo, donde el único camino era seguir el mismo de los padres.

“El carnicero lo era por cuarta generación, el panadero por quinta, el agricultor igual; estabas condenado a ser lo mismo que tus antecesores”, cuenta Nairo en su visita rápida a la Ciudad de México.

“No había ninguna clase de referente o alguien que nos hiciera ver que más allá de los confines de nuestro pueblo había otras formas de vida interesantes, positivas, a las que podíamos aspirar. Los niños necesitan referentes que les enseñen otras formas positivas de vida.”

Aunque tarde, la bicicleta lo hechizó desde su primera experiencia. Cuentan que el menudo Nairo adolescente solía cargar piedras en la mochila escolar para ganar peso y velocidad en un pueblo donde abundan los valles. Pero hacerse profesional era una opción más difícil que pedalear cuesta arriba. “Cuando empecé a competir teníamos muchas limitaciones económicas, a veces las carreras nos quedaban lejos y no había ni cómo trasladarse”.

Nairo llegó a las grandes competencias en Europa con el equipo Movistar en 2012. Estuvo cerca de ganar en dos ocasiones el Tour de Francia, en 2013 y 2015, en ambas fue subcampeón; conquistó el Giro de Italia en 2014 y la Vuelta de España en 2016. Años de gloria y fama que le sirvieron para impulsar proyectos dirigidos a los niños y jóvenes. En Colombia, promovió el programa Ley Nairo.

“Nuestro proyecto recluta niños en cada región; después del colegio acuden para prepararse a competir en ciclismo, hemos descubierto talentos, han pasado una decena de jóvenes que hoy están en Europa en equipos profesionales”, comenta.

Para evitar que los menores deserten de la escuela para “volverse profesionales del ciclismo”, el programa de Nairo exige que todos estudien.

“Sembramos lo más importante para un ser humano: la disciplina”, explica Nairo; “no todos terminan campeones, pero son niños que ya no darán problemas en las calles o en el campo. Han descubierto otras maneras de vida positiva y ‘contagian’ a la familia. Antes, los padres sólo se reunían a beber cerveza el fin de semana; ahora tienen que llevar a los muchachos a competir”.

Nairo quiere desarrollar ese modelo en otros países de Latinoamérica. El Gran Fondo Nairo busca difundir esa iniciativa –en México será en octubre próximo, en San Luis Potosí–. Mientras lo planea, sigue su entrenamiento con la meta de conquistar el Tour de Francia, ese sueño de todo ciclista y cuya gloria ha acariciado un par de veces.

Fuente: La Jornada.

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