Slider
Publicidad
Slider

Esposas del batallón Azov se reúnen con el Papa: «Espero que nos ayude a salvarles la vida».

Las esposas de los combatientes escondidos en los pasadizos de la acería Azovstal, en Mariúpol, han viajado al Vaticano para pedir al Papa gestos que puedan salvarle la vida a sus maridos. «Esperamos que este encuentro nos dé la oportunidad de salvar sus vidas», han explicado Katarina, de 27 años y Yulya, de 29, que han solicitado una intervención internacional para evacuarlos.

Las dos esposas fueron invitadas a participar en la audiencia general del Papa y han conversado con él unos minutos. Lo cuentan muy serias, con lágrimas en los ojos. Piensan en sus maridos, Arseni y Denis tienen 29 y 30 años, que pertenecen al Regimiento Azov, y que están «esperando» bajo las bombas en Azovstal.

Francisco, que recibía a todos los invitados sentado por prescripción médica, se puso en pié ante ellas como gesto de respeto.

«Estamos agradecidos por las acciones del Papa y su delegación. Y nuestros soldados están listos para ser evacuados a un tercer país. Están listos para dejar sus armas en caso de ser evacuados a otro país», aseguran junto a la plaza de San Pedro. «Haremos todo lo posible para ayudarles», prometen.

Han explicado al Papa la situación en la acería. Hablan de unas 700 personas, algunos heridos, algunos con amputaciones y gangrena. No quedan vendas y usan telas sucias para curar a las personas. «Mi marido me escribió hace dos días, pidiéndome que encontrara un artículo sobre cómo sobrevivir sin agua ni comida, si es posible. Esta es su situación. No tienen comida, ni agua, ni medicinas. Cada día mueren uno o dos soldados heridos», dice Yulya. Arseni les dijo anoche que tiene síntomas del Covid19. «Está muy débil, pero no tiene fármacos», explica su mujer.

«El Papa nos ha dicho que rezará por nuestros maridos y por lo que está sucediendo, y que está haciendo todo lo que puede», asegura Katarina. «Le hemos pedido que venga a Ucrania, que hable con Putin, que le diga que deje ir a nuestros maridos. Dijo que rezaría por nosotros y asintió», añade.

¿Sería útil que el Papa viaje a Moscú?, -les pregunta un reportero. «Lo importante no es si va a Moscú o Kiev… que haga lo que sea útil para resolver esta guerra».

Tensiones en Sri Lanka
Por otro lado, durante la audiencia general, el Papa ha pedido calma en Sri Lanka, donde la violencia de las protestas contra la gestión del gobierno está sumiendo a la nación en el caos. El primer ministro Mahinda Rajapaksa ha dimitido tras un mes de protestas de quienes le acusan de haber dejado en bancarrota al país.

La falta de comida, carburante y artículos de primera necesidad ha exasperado los ánimos. Los asedios contra las residencias del presidente y de otros políticos se han saldado con al menos 7 muertos y 250 heridos.

El Papa Francisco ha relanzado la petición de los dos grandes líderes religiosos del país, el budista Omalbe Thera y el arzobispo de Colombo, el cardenal Malcolm Ranjith, que han condenado la violencia y pedido calma.

«Dirijo un pensamiento especial al pueblo de Sri Lanka, especialmente a los jóvenes que recientemente han hecho oír su grito ante los retos y problemas sociales y económicos del país», ha comenzado el pontífice. «Me uno a esas autoridades religiosas para instar a todas las partes a mantener una actitud pacífica, sin ceder a la violencia. Hago un llamamiento a todos los responsables para que escuchen las aspiraciones del pueblo, garantizando el pleno respeto de los derechos humanos y las libertades civiles», ha añadido.

Catequesis sobre la jubilación
En su catequesis, el Papa ha afrontado la situación de incertidumbre que experimentan las personas cuando llegan a la jubilación, «a veces después de una vida intensa de trabajo, a veces después de una existencia aventurera o de gran dedicación».

«Para muchos, la perspectiva de la jubilación coincide con la de un merecido y ansiado descanso de actividades exigentes y agotadoras. Pero también ocurre que el fin del trabajo es fuente de preocupación y se espera con cierta inquietud: ‘¿qué haré ahora que mi vida se vaciará de lo que la llenó durante tanto tiempo?’», ha subrayado.

«¿Cómo aprovechar al máximo este tiempo que tenemos? Uno que se va a jubilar, ¿qué puede hacer en estos nuevos años? ¿Cómo puede crecer humanamente, en sabiduría?», se preguntó.

Según el Pontífice, en primer lugar, la sociedad debe aprender a «saber aprovechar los talentos y carismas de tantas personas mayores, ya jubiladas por su edad, pero que son una riqueza a explotar», aunque no se trata de dejar la solución en manos de los demás.

Por eso, en segundo lugar, «requiere, por parte de los propios mayores, una atención creativa y nueva, una disponibilidad generosa. Las antiguas competencias de la vida activa pierden su parte de obligación y se convierten en recursos de donación: enseñar, aconsejar, construir, cuidar, escuchar… Preferentemente a los más desfavorecidos, que no pueden permitirse ningún aprendizaje o que están abandonados a su soledad», les ha propuesto.

Fuente: ABC.

Publicidad
previous arrow
next arrow
Slider