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Antes del olvido busca generar una reflexión sobre la importancia de hacer comunidad: Iria Gómez.

A tres años de ver la luz, hoy empieza su corrida la cinta Antes del olvido, dirigida por Iria Gómez Concheiro. En entrevista con La Jornada, la cineasta comparte: Íbamos a estrenar a principios de 2020, pero el país y el mundo ya estaban encerrados, y la película se quedó en el tintero. Lo bueno fue que no dejamos de insistir y emprendemos un circuito interesante: Cineteca Nacional, la próxima semana en la Casa del Cine y en el IFAL. Esperamos en breve fecha que se proyecte en el Cine Tonalá. Después nos vamos a las diferentes cinetecas de la República, lo que representa unas 25 salas. Este recorrido es importante para que no se quedara sólo en la Ciudad de México. Estamos contentos.

Recordando y haciendo una comparación de la situación de su cinta y el periodo pandémico que vivió el mundo, comenta: Esa fue la diferencia, lo que cuenta la película es la capacidad que tenemos los seres humanos de mirarnos los unos a los otros, de empatizar con la problemática de los demás y, cuando surge un problema, poder organizarnos para cambiar las cosas. Eso es algo que he aprendido de la experiencia pandémica: nos necesitamos las unas a las otras y los unos a los otros. Hacer comunidad nos permite organizarnos y revelarnos frente a lo que no estamos de acuerdo.

Agrega: “Antes del olvido, tiene ese espíritu, generar una reflexión sobre la importancia de la comunidad. La hicimos de esa manera, nos confinamos ocho semanas en una vecindad y nos la pasamos realmente bien, no había diferencias entre extras, director o actriz, hasta las gallinas comían con nosotros. Fue una enseñanza de que otra manera de producir una película es posible, contrario a la pandemia que nos dividió y dejamos de tener contacto”.

Se le pregunta cómo fue ese primer momento en que se dio cuenta de que el tema del desalojo podría convertirse en una cinta, Iria responde: “Hace siete años formaba parte de un colectivo de artistas multidisciplinarios; primero estuvimos en el Teatro del Pueblo y después nos fuimos a la vecindad de la calle Nicaragua 15. En ese tiempo veía un desalojo cada 15 días. Quien haya presenciado uno se da cuenta de que es una cosa horrorosa que atenta contra los derechos humanos elementales. Eso me impactó y me dolía mucho. El desalojo de vivienda durante el gobierno de Miguel Ángel Mancera fue tremendo. Posteriormente, me enteré que muchos amigos habían presenciado el del vecino o el de un familiar, así que no era algo propio del Centro Histórico. La vivienda es una de las cosas fundamentales más preciadas; perderla es dolorosísimo y coloca a la gente en una circunstancia indigna. Así surgió Antes del olvido”.

Movimiento de inquilinos de 1922

Otra de las cosas que hicieron que Iria Gómez Concheiro reforzara la idea de rodar esta película, fue que se encontró con el ejemplar Los inquilinos a colgar la rojinegra, de Paco Ignacio Taibo II, que cuenta el movimiento de 1922 en el que unos integrantes de las juventudes del Partido Comunista organizaron a los inquilinos obreros del Centro Histórico para que no los desalojaran. Ellos impidieron más de 200 lanzamientos; por supuesto, hubo represión y muertos y se nos olvidó ese pedazo de nuestra historia. Estas dos cosas se juntaron y me confirmaron que debía hacer esta película.

Para hacer que la cinta tuviera las reminiscencias de ese movimiento, Iria explica: El personaje de Elvirita es uno de los más importantes, pues ella es la depositaria de esta memoria. En 1922 querían derrumbar 200 edificios del Centro Histórico para convertirlos en bodegas y tiendas. Es un tema muy vigente, porque la gentrificación sigue expulsando a la gente originaria de los barrios hacia las periferias de la ciudad.

Una parte esencial de la cinta, menciona Iria, es que “en estos siete años he conocido a un montón de gente emblemática del Centro Histórico, como Elvirita Mena, quien vivió 107 años. Cuando pasaba por la calle le gritaban ‘Elvirita, cuéntame un siglo’, porque tenía tantos recuerdos que se sentaba en las plazas y calles a narrar sus historias; o el zapatero de calzado para los pachucos o el taquero que hace música de cumbia con sus cuchillos y la parrilla… todos estos personajes que la gentrificación esta expulsando del barrio, de nuestro Centro Histórico, está dejando la calle sin su esencia, sin sus raíces, sin su cultura, para estandarizar todas las ciudades del mundo con las mismas tiendas y cafeterías que están en el centro de Bogotá, Buenos Aires o Los Ángeles, todo igual para favorecer a unos pocos”.

Al retornar a su personaje de Elvirita, la cineasta agrega: Ella es la depositaria de los recuerdos del siglo pasado. Está perdiendo la memoria, pero antes de que suceda tiene una última batalla que dar para ayudar a su vecinos. Otra de las cosas es que está implantando sus recuerdos a un joven para que no se pierdan. Combino la experiencia de los viejos con el fuerza de los jóvenes.

Finalmente, Iria cierra su respuesta anterior: Nuestra sociedad intenta separarnos de los viejos, se ha perdido el valor de la vejez; por otro lado, estigmatizamos a los jóvenes, los señalamos y criticamos, pero hay que mirarlos desde otro lugar. Dignificar a la juventud como un presente y que tiene mucho qué decir.

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