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El Sahara me enseñó a vivir con lo esencial, afirma Franck Meyer

El corredor de 19 años se convirtió en el mexicano más joven en culminar el complejo Marathon des Sables

En las noches, el desierto del Sa-hara revela el universo. Aquel territorio árido y abrasador se convierte en una ventana nocturna que muestra la inmensidad estelar, una visión de la que fue privilegiado Franck Meyer, quien hace unas semanas se convirtió en el mexicano más joven en culminar el Marathon des Sables (Maratón de las Arenas), uno de los más complejos del mundo.

No puedo explicar las cosas tan bonitas que vieron mis ojos en medio de la nada, expresa Meyer, quien a sus 19 años de edad narra su experiencia tras haber recorrido en abril el tempestuoso y espléndido Sahara.

Ya totalmente cansado corría en las noches. Iba solo, todo era oscuro, de pronto vi el cielo y estaban las estrellas. Comencé a llorar. Por 10 o 15 minutos durante la madrugada, hay un efecto que te hace sentir en el espacio, es un momento impresionante, fueron las palabras con las que apenas describió una parte de esas visiones en medio de la majestuosidad del Sahara.

El desierto era quizá uno de los últimos escenarios donde Meyer vislumbraba sus anhelos para trascender como deportista. La inspiración inicial estaba en las pistas de automovilismo, donde incluso aplicó para la Richard Mille Young Talent Academy, la cual impulsa a un grupo selecto mundial de jóvenes pilotos.

El automovilismo es un deporte que requiere de muchos recursos económicos y no tuve los suficientes patrocinios para seguir, detalló Meyer respecto de su decisión de dejar este camino.

Un video que hablaba del Marathon des Sables fue el impulso para retar al desierto más ardiente. La prueba exige recorrer 250 kilómetros en siete días con temperaturas que van desde los menos 14 grados centígrados en la noche hasta superar 40 en el día.

El entrenamiento de un año sirvió para enfrentar esas condiciones inhóspitas, pero lo más complejo a veces no fue el ambiente ni tener que exponer la resistencia del cuerpo al límite, sino las condiciones pa-ra hacerlo.

Correr entre las dunas, en la arena con una mochila de 10 kilos es difícil, te hundes, pero lo más complicado no es eso ni tampoco que el calor te queme la piel, sino las incomodidades que enfrentas durante siete días, aseveró Meyer.

El Maratón de las Arenas es una prueba de sobrevivencia total. Al correr entre las dunas se debe pensar en cada paso para hacerlo con suavidad y no hundirse al tiempo que la arena es un manto vaporoso que cubre a los visitantes del desierto en cada zancada.

Las bajadas en las dunas deben ser cuidadosas, es como esquiar, todo suave por las ampollas que uno ya lleva. Todo es paciencia.

Después de correr por horas con poca agua y comida limitada, no hay un lugar para el descanso. Lo único que encuentran los ultramaratonistas son jaimas o tiendas de campaña improvisadas donde no existe el confort.

“Todo es horrible, tus cosas se llenan de arena, el baño es muy feo, no puedes ni dormir. Yo no sabía ni cómo preparar mi comida, otros compañeros me enseñaron a hacerlo. Eso es lo bonito, el ambiente con los otros corredores.

El aprendizaje es saber vivir con lo estrictamente necesario, afirma al recordar que la comodidad a veces se convierte en un obstáculo para la evolución personal. Para ser feliz debes aprender a estar incómodo. La gente busca zonas de confort, pero debes esforzarte a salir de eso para lograr algo padre, sostiene el ultramaratonista.

–¿Cuál es el pensamiento al llegar a la meta después de este recorrido?

–El último día ya llevas prisa por irte a bañar o comer algo rico, pero al cruzar la meta es cuando te cae el veinte de lo que hiciste y de manera paradójica dices: ya no me quiero ir.

Meyer es el mexicano más joven en correr el Marathon des Sables, lo hizo con 19 años de edad, cuando el promedio de los participantes es de 40, gente de mayor experiencia en pruebas de larga distancia. El tiempo en el que lo consiguió fue de 39 horas y 30 minutos, el segundo más rápido que ha logrado un tricolor después de Carlos Velasquez.

Así, la travesía en el Maratón de las Arenas le ha dejado a Meyer a esta corta edad el conocimiento para exponer el cuerpo al límite y superar las incomodidades, pero también una visión cósmica que guardaron sus ojos.

Mientras retorna a la carrera de dirección financiera, el ultramaratonista ya piensa en otro reto igual de arriesgado para el próximo año, aunque ahora en un ambiente totalmente opuesto al Sahara: el Jungle Ultra, competencia que recorre 230 kilómetros por el Amazonas.

Podría correr en el Maratón de la Ciudad de México, pero ya pien-so en ultramaratones, ahora prefiero escenarios cercanos a la naturaleza.

 

Fuente: La Jornada

Foto: La Jornada

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