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Fabio Quartararo, campeón del mundo el día que Marc Márquez rompió su última barrera.

La resolución del Mundial de MotoGP se escondía donde pocos esperaban todavía, en el circuito de Misano, tierra de motociclismo. Ahí donde Valentino Rossi se despidió para siempre de las carreras en Italia, ahí donde Marc Márquez volvió a ganar en un circuito a derechas, el rey fue un diablo francés. Fabio Quartararo es campeón del mundo, seis años después un piloto de Yamaha en todo lo alto. [Narración y clasificaciones]

Fue inesperado porque, pese a la ventaja clara del galo, todo estaba a favor para que Francesco Bagnaia pospusiera la fiesta, le diera algo de picante a lo que quedaba Mundial. Partía de la ‘pole’, con una superioridad evidente y a falta de cinco vueltas lideraba la carrera con menos presión de la que pudiera parecer de Márquez -«ya había tirado la toalla», confesó el español-, que en esos momentos se empezaba a descolgar del ritmo del italiano de Ducati.

Pero los campeones también lo son porque les acompaña la suerte. O porque saben mantener la calma en los momentos de máxima tensión. En ese abismo, Bagnaia cometió un error mortal. Se fue al suelo exactamente en la misma curva, la 15, en la que se había ido al comienzo de la prueba su compañero Jack Miller.

Y ahí se acabaron todas las cuentas. Quartararo era campeón del mundo. Y a Marc Márquez se le quedaba la alfombra roja para otro hito personal. Recordará este octubre el ilerdense, como el principio del fin de su calvario particular, como la última barrera derribada tras su terrible fractura de húmero. Era su segunda victoria consecutiva, la tercera de la temporada, pero, más importante, era la primera vez que ganaba en un trazado con el sentido horario. Con Pol Espargaró detrás, fue el primer doblete del Repsol Honda desde Aragón 2017.

«A derechas, aún me sigue constando. Esto muestra el avance y es especial, me va a dar muchísima confianza. No sé ni como fui capaz de mantener el ritmo de Pecco. Era el más rápido en la pista», confesó un Máquez que sumó su victoria número 59 en MotoGP.

Pero el protagonista tenía acento francés y vestía de azul. Consciente de su ventaja, de que los nervios podían ser peor enemigo que sus rivales, Quartararo se lo tomó con calma. No arriesgó en la salida, donde incluso perdió alguna posición y se puso manos a la obra con su remontada. En 10 vueltas ya estaba séptimo. Álex Rins fue el siguiente en caer y después Aleix Espagaró. El podio, por el que luchaban Pol Espargaró y Oliveira, estaba muy lejos a falta de menos de 10 vueltas.

Todo señalaba a Portugal. Porque delante es donde estaba la presión. Bagnaia firmó una estupenda salida, en la que pronto tomó distancia. Le escudaba su compañero de equipo Jack Miller, en un planteamiento táctico perfecto. Y sólo Marc Márquez -también estupendo inicio- podía seguir el ritmo de las Ducati.

Pero el idílico guion cambió pronto con la caída de Miller en la curva 15, de izquierdas. Premonitorio. Entonces la carrera en Misano se convirtió en un mano a mano entre Márquez y Bagnaia. Presionaba el español, por fin ágil y suelto en un circuito de izquierdas, ahí donde más sufre físicamente su hombro.

Y todo estalló por los aires casi al final. La alegría de Quartararo -que luchó hasta el final por incluso subir al podio, se lo impidió un valiente Bastianini-, la alegría de Marc Márquez y también la nostalgia de las tribunas amarillas por el adiós de Rossi con su décimo puesto.

Fuente: El Mundo.

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