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Enrique Rocha llegó a la actuación por curiosidad y cosa del destino.

El actor relataba a EL UNIVERSAL hace ya 15 años, en 2006, que por invitación de un amigo fue a ver un ensayo de teatro en el recinto de la Facultad de Arquitectura cuando tendría unos 17 años. Ahí estaba Juan José Gurrola dirigiendo a actores no profesionales y a falta de uno de ellos lo invitaron a subir al escenario.

«Me gustó mucho el ambiente escénico, las luces, la escenografía, el trabajo actoral. Me pareció un mundo hermoso y fascinante justamente me quedé para siempre».
Así fue, todavía después de aquella entrevista apareció en telenovelas como «Lola, Érase una Vez» (2007-2008), «Corazón Salvaje» (2009-2010), «Muchacha Italiana viene a Casarse» (2014-2015) y «Me Declaro Culpable» (2017-2018) hasta su muerte este 7 de noviembre a la edad de 81 años.

Pero también antes fue el dolor de cabeza de muchas historias como «Pasión y Poder» (1988) y «Dos Mujeres un Camino» (1993-1994) pues estas dos novelas fueron sólo algunas por las que se coronó con el premio TV y Novelas como Mejor Villano.

«Rebelde» (2004-2006), y «El Privilegio de Amar» (1998-1999) son otras de las cintas en las que fue villano.

Más allá de la pantalla chica, en el cine actuó en Serafín: la película» (2001), cinta salida de la telenovela en la que también fue villano; además, tuvo trabajos de voz en «El Libro de la Selva» (2016) como la voz en español de Bagheera.

Antes de la fama. Rocha nació en Silao, Guanajuato, pero a los 14 llegó al entonces Distrito Federal para continuar sus estudios en colegios religiosos pero fue estando en la capital que sintió que necesitaba libertad.

«Comencé a sentir una necesidad imperiosa de libertad. De tener una vida propia y decidí salirme de casa. A los 16 o 17 años inicié toda una revolución para ser libre».

Pero Rocha también vivió una vida de excesos en su juventud que ya para 2006 se había terminado pero de la que aún reflexionaba.

«¡Tuve una fama de reventado, de vampiro de la zona Rosa y ciertamente viví con intensidad. En mi departamento de la calle de Oslo. Pero todo aquello se acabó, fue una especie de depuración para asumir con el tiempo una actitud pacífica, es bueno hacer un alto en el camino y un recuento de los daños por el desenfado que se vivió».

«Fui un hombre nocturno, con desvelos y fiestas diarias. Era necesario para mí formación. Hay que pisar fuerte, tocar fondo y salir «.

Fuente: El Universal.

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