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Las elecciones presidenciales muestran la brecha económica y social de Francia.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, y la candidata de Agrupación Nacional, Marine Le Pen, también enfrentan a una Francia obrera, modesta, periférica, suburbana, poco culta y angustiada sobre el futuro familiar y nacional, contra una Francia de cuadros y profesiones liberales, más acomodadas, urbana, medianamente culta y optimista sobre su futuro familiar y el futuro nacional.

Hundidos los partidos políticos tradicionales de izquierda y derecha que estructuraban esa diversidad social, el presidente en funciones y la candidata de extrema derecha son el refugio provisional de una nueva Francia mayoritariamente conservadora, muy conservadora o extremadamente conservadora, ante el voto de la segunda vuelta, el domingo que viene, que debe elegir al jefe del Estado, la columna vertebral de todo el sistema político francés.

Del repliegue a la apertura
A partir del voto de la primera vuelta presidencial, el pasado domingo día 10, el instituto Ipsos, la tercera sociedad mundial en análisis de ‘marketing’ y sociología, ha realizado un estudio que refleja con bastante precisión la nueva sociedad francesa, oscilando entre la tentación del repliegue nacional o nacionalista, contra Europa y la mundialización, y la proposición de una sociedad abierta a Europa y a ese mismo fenómeno.

Según ese estudio de referencia, Marine Le Pen tiene un electorado joven o muy joven. El 51 por ciento de los electores de la candidata de extrema derecha tienen entre 18 y 34 años. Emmanuel Macron tiene un electorado ligeramente más viejo. El 54 por ciento de los electores del presidente tienen entre 50 y 69 años.

El electorado de extrema derecha francés es muy mayoritariamente obrero. El 72 por ciento de los electores de Marine Le Pen son empleados y obreros. Una media del 35 por ciento de los obreros franceses votan a la familia Le Pen desde hace varias décadas. El PCF y el PS tienen un voto obrero muy inferior, que se ha hundido de manera espectacular en la primera vuelta de la elección presidencial. La extrema derecha es el primer partido obrero de Francia, desde hace años.

Macron, por el contrario, es el candidato preferido del 65 por ciento de los cuadros y profesiones liberales. Un 38 por ciento de los jubilados franceses también prefieren al presidente, contra un 17 por ciento para Le Pen.

En términos de formación y cultura, el 35 por ciento de los electores de Le Pen no tienen el bachillerato. Otro 27 por ciento solo tienen el título de bachiller. Por el contrario, el 64 por ciento de los electores de Macron tienen el bachillerato y también estudios medios o superiores.

La Francia pobre y modesta vota masivamente a Marine Le Pen. El 57 por ciento de los electores de extrema derecha ganan menos de 1.250 euros y un máximo de 2.000 euros mensuales. Por el contrario, el 62 por ciento de los electores de Macron ganan más, mucho o muchísimo más de 2.000 euros mensuales.

Geográficamente, el 55 por ciento de los electores de Marine Le Pen viven en pueblos de 2.000 a 10.000 habitantes. El 65 por ciento de los electores de Macron viven en ciudades de 50.000 a 200.000 habitantes, o mucho más.

Católicos macronistas
En términos religiosos, solo un 27 por ciento de los electores de Le Pen se dicen católicos, y otro 21 por ciento afirma «no creer en ninguna religión». Por el contrario, el 32 por ciento de los electores de Macron se dicen católicos y otro 25 por ciento declara «no tener religión».

Un 81 por ciento de los electores de Marine Le Pen se dicen «insatisfechos» o «muy insatisfechos» con la vida que llevan. Por el contrario, el 80 por ciento de los electores de Macron se dicen «satisfechos» o «muy satisfechos» con su vida.

Los electores de Le Pen se declaran ellos mismos poco o nada favorecidos: un 37 por ciento se dicen «desfavorecidos», otro 29 por ciento afirman pertenecer a las «categorías populares» y un 25 por ciento dicen pertenecer a las «clases medias inferiores».

Un 53 por ciento de los electores de Macron se consideran ellos mismos como «acomodados» o «privilegiados», un 38 por ciento estiman pertenecer a las clases medias superiores, y un 28 por ciento, a las medias inferiores.

Se trata de dos Francias que se conocen mal y no se entienden en nada. Una de ellas deberá ‘imponerse’ a la otra. Gane quien gane, Macron o Le Pen, el ganador o ganadora no podrá olvidar las ilusiones, esperanzas y angustias de la Francia perdedora, que no tardará en hacerse escuchar, a lo largo de los próximos meses.

Fuente: ABC.

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